jueves, 4 de diciembre de 2014

Cuento: Dos hermanos estudiando

Había una vez dos hermanos que vivían en un pueblo donde había varios colegios. Ellos asistían al mismo colegio. El mayor de los hermanos se llamaba Tony y el menor Andrés.
Tony era un niño muy responsable, hacía los deberes todos los días y dedicaba un rato todas las tardes a estudiar.
Andrés era un niño muy inteligente al que le encantaba jugar. En un momento, tenía los deberes hechos, porque eran muy sencillos para él, y no se entretenía en detalles. No estudiaba ninguna tarde. ¡No le hacía falta!

Cuando Tony y Andrés hacían sus exámenes, los resultados eran bien diferentes. Tony sacaba unas notas buenas, a veces suspendía algún examen, pero seguía estudiando, viendo por qué fallaba y dedicándole tiempo a sus estudios para conseguir aprender todo lo que le enseñaban lo mejor que podía. Andrés, sin embargo, sacaba unas notas espectaculares, casi todo eran sobresalientes, y no entendía por qué había niños que suspendían... ¡Con lo fácil que era todo!

Pasaron los años y ambos hermanos crecieron. Tony seguía estudiando todos los días un rato por las tardes y Andrés, dedicaba la mayor parte del tiempo a jugar, porque con dedicar un pequeño ratito a hacer los deberes, sus resultados eran buenos. Ya estaban en la Educación Secundaria, y los resultados de ambos niños seguían siendo iguales. Al llegar a Bachillerato, volvió a suceder lo mismo.

Y llegó el momento de entrar en la Universidad. Los dos hermanos iniciaron sus estudios universitarios. El mayor, Tony, siguió prestando atención en clase y dedicando tiempo a estudiar y a seguir las recomendaciones de sus maestros. Cuando los profesores le decían que debía leer un libro, consultar un artículo en internet o estudiar unos apuntes que les facilitaban en clase, lo hacía, aunque emplease mucho tiempo en ello.

El menor, Andrés, siguió comportándose como hasta entonces. Escuchaba en clase, pero no dedicaba más tiempo del necesario en casa.

¿Qué sucedió? Que llegaron las fechas de los exámenes. Allí los exámenes no eran cada 15 días y cada tema, sino que eran en febrero, cuando ya se llevaban cuatro meses de clase y entraban muchos temas. ¿Os imagináis la cantidad de cosas que se pueden trabajar en una asignatura en cuatro meses? ¿Y cuando son varias asignaturas?

Tony, que había seguido estudiando cada día, se presentó a sus exámenes y los aprobó todos. Sus resultados eran buenos, aunque no espectaculares.

Andrés, se presentó a su exámenes y los suspendió todos. Aunque había prestado atención en clase, con lo que se explicaba allí no era suficiente, porque muchas de las cosas de las que tenían que examinarse, tenían que estudiarlas en otros sitios. En la clase sólo se mencionaban y se decía dónde estudiarlas. Al pasar tanto tiempo, muchas de las cosas que le explicaban se le olvidaban y otras, simplemente no las estudiaba. Fue una experiencia muy dolorosa. Comprendió que hay que respetar a todos los compañeros, independientemente de que aprueben o suspendan. Comprendió que por no estudiar, llegó el día en que ya no fue capaz de aprobar y que por el hecho de suspender no dejaba de ser el mismo que era.

Después de unos días de sentirse un poco confuso, tomó una determinación. Se fijó en su hermano y decidió estudiar como él. Todos los días dedicó un rato a estudiar, como hacía su hermano y siguió todas las recomendaciones de los profesores.

Pasaron los años, y los dos hermanos consiguieron terminar sus estudios con éxito y buenas notas. A Tony, no le costó trabajo adaptarse al ritmo de trabajo necesario en la Universidad. A Andrés, le costó un poco más, pero como era muy inteligente y sabía lo que quería conseguir, lo logró también.

Y como siempre se dice en todos los cuentos... ambos hermanos fueron muy felices de tener sus estudios terminados.

Toñi Marín 



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